Sobre la Justicia… #Venezuela

Hola, me llamo Víctor Meza, vivo en Venezuela, y esto es algo que escribí en treinta minutos más o menos y sin mucha correción; eso quiere decir que ya viene andando en mi sistema desde hace un rato. Abordé sus puntos de manera sobre-simplificada para abrir una discusión, o por lo menos con el fín de que sirva al lector como tentepié, y despierte su apetito por estas curiosidades sobre la naturaleza de la justicia.
Leopoldo Lopez
La justicia: a mi parecer, no cumple más que la función de prevenir la reincidencia de la maldad. Para que exista debe ocurrir primero lo contrario; por lo tanto, requerirla, implica que alguien ha sufrido. Sacarla a relucir es un pesado deber moral de los hombres libres, que está ligado intrínsecamente con la autopreservación, pero tiende a ser confundido cuando no es uno el que inmediatamente peligra. La verdadera maravilla de la moral, ocurre cuando dos o más individuos se reunen porque entre ellos hay amor. Imaginen cúan distinto sería el mundo si nos enseñaran esto desde pequeños como una máxima…
Despues de razonar sobre esto, uno concluye en que la injusticia consigue su camino cuando “los hombres buenos no hacen nada”. Las generaciones no dejan de cosechar maleantes, porque siguen sembrandolos. El tema no es muy largo ni es complejo, cuando se ataca de raíz; por ejemplo: Escuelas, universidades, bibliotecas, redes informáticas, rediseñar la pedagogía de acuerdo a la tecnología y a los avances en el area de la psicología, canchas para hacer deportes, piscinas públicas, hospitales, aproximaciones tecnológicas y científicas en temas como la política, geopolítica, economía, urbanismo, recursos, energía, condiciones laborales, instituciones públicas, relaciones exteriores. Y por supuesto, condenar formas de proceder como el populísmo, el autoritarismo, el “socialísmo/comunismo”. En fin, tratar de quitarle las tripas a procesos que deben implicar sólo a la mente y al corazón (…)

Seguir leyendo “Sobre la Justicia… #Venezuela”

Alegoría de la Caverna (VII libro de la República, Platón)

Ilustración:
Ilustración:”Alegoría de la caverna” por Markus Maurer

  “Alegoría de la Caverna” es una de las más célebres alegorías de la historia de la filosofía; este particular relato que aparece al comienzo del VII libro de la Republica, de Platón, causó una fuerte impresión en mí; también me ayudó a comprender como es que uno parece estar tan equivocado con el mundo en común mientras uno más indaga en el mundo de la razón (…) El conocimiento a veces -y desafortunadamente- podrá ponerte -involuntariamente- en contra de tus semejantes; pero vale la pena indagar por un mundo más rico. Tal vez las más magnas personas de la historia de la humanidad pudieron ir en contra de la corriente (en su tiempo) gracias a la comprensión de este principio sobre el conocimiento y la realidad (Que nada esotérico tiene). Sin más, a continuación una breve descripción:

  “Platón describió en su alegoría de la caverna un espacio cavernoso, en el cual se encuentran un grupo de hombres, prisioneros desde su nacimiento por cadenas que les sujetan el cuello y las piernas de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza. Justo detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por orden de cercanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al exterior. Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver.

Estos hombres encadenados consideran como verdad las sombras de los objetos. Debido a las circunstancias de su prisión se hallan condenados a tomar únicamente por ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas ya que no pueden conocer nada de lo que acontece a sus espaldas.

Continúa la narración contando lo que ocurriría si uno de estos hombres fuese liberado y obligado a volverse hacia la luz de la hoguera, contemplando, de este modo, una nueva realidad. Una realidad más profunda y completa ya que ésta es causa y fundamento de la primera que está compuesta sólo de apariencias sensibles. Una vez que ha asumido el hombre esta nueva situación, es obligado nuevamente a encaminarse hacia fuera de la caverna a través de una áspera y escarpada subida, apreciando una nueva realidad exterior (hombres, árboles, lagos, astros, etc. identificados con el mundo inteligible) fundamento de las anteriores realidades, para que a continuación vuelva a ser obligado a ver directamente “el Sol y lo que le es propio”, metáfora que encarna la idea de Bien.

La alegoría acaba al hacer entrar, de nuevo, al prisionero al interior de la caverna para “liberar” a sus antiguos compañeros de cadenas, lo que haría que éstos se rieran de él. El motivo de la burla sería afirmar que sus ojos se han estropeado al verse ahora cegado por el paso de la claridad del Sol a la oscuridad de la cueva. Cuando este prisionero intenta desatar y hacer subir a sus antiguos compañeros hacia la luz, Platón nos dice que éstos son capaces de matarlo y que efectivamente lo harán cuando tengan la oportunidad, con lo que se entrevé una alusión al esfuerzo de Sócrates por ayudar a los hombres a llegar a la verdad y a su fracaso al ser condenado a muerte.”

Más información en Wikipedia

 Saludos a mis tímidos lectores, y gracias por su presencia; veo en la administración de mi blog que provienen de varias partes de America latina, Europa y America del Norte. Les invito a contribuir con su opinión (la cual es valiosa para mí) y háganme saber si tienen alguna anécdota similar para publicarla aquí en Lamorazul y así compartirla con el mundo.

A propósito de La Navidad: Palabras de Hermann Hesse

Y si la guerra siguiese

El siguiente capítulo lo extraje del libro “…Y si la guerra siguiese” del ganador del premio Nobel en literatura, Hermann Hesse. Ha causado tal impacto en mí, que quise compartirlo con todos ustedes, y a la vez dejarlo aquí para que sus palabras trasciendan y lleguen a donde deban llegar. Tengo que destacar que, es trivial analizarlo sin haber leído el libro completo, las obras de Hesse, y la biografía del autor. En este caso -y si tienen la oportunidad- recomendaré que lean “Siddhartha” y “El lobo Estepario“. “…Y si la guerra siguiese” tiene un contexto histórico Aleman (1914-1918, 1926; y la edición que llegó a mis manos es de 1946). Este hombre, además de crítico de sus tiempos, fue una persona sumamente sensible, explorador de las profundidades de su espíritu, un buscador de “la verdad”. No quiero limitarlo escribiendo más sobre él, quisiera que ustedes mismos encontraran a la persona desdoblada en los pasajes de sus escritos; este tipo de lectura es obligatoria en algunos países del mundo para la formación académica formal, por lo tanto es recomendada para los jóvenes, quienes comienzan a vivir la vida y a experimentar la realidad. También se ha sabido que la tradición de enseñanza budista utiliza el libro “Siddhartha” para impartir conocimiento a los que comienzan ese sendero…

Sin más, desde la página 37 hasta la 53, el siguiente capítulo:

NAVIDAD
Diciembre de 1917

Desde antes de mi recuerdo de la Tradicional Festividad, siempre sentí un vago recelo en la época navideña, una amargura en mis labios. He aquí algo muy hermoso pero no del todo auténtico, algo universalmente aceptado y respetado, pero que sin embargo me inspiraba una secreta desconfianza.

Y ahora que llega la cuarta Navidad en tiempo de guerra, no puedo quitarme esa amargura que siento en la boca. Ciertamente voy a celebrar la Navidad, porque tengo hijos y no los voy a privar de la celebración; pero la festejaré con el mismo espíritu con que lo hacemos con los prisioneros de guerra, como un gesto oficial, una concesión a lo tradicional, una brizna de sentimentalismo. Durante los tres años pasados hemos tratado a estos infortunados prisioneros de guerra como endurecidos criminales, y ahora les entregamos unos paquetes y cajas bonitas con recortes de ramitas verdes. Esto es conmovedor y a veces yo mismo me siento afectado. Imagino la sensación del prisionero que recibe un pequeño regalo, la nube de recuerdos que vienen a su mente al ver la ramita verde. Sin embargo, en el fondo esto también es sentimentalismo.

Todo el año mantenemos a los prisioneros confinados, aunque no han hecho nada sino dejarse sorprender por el enemigo, y luego en Navidad visitamos a estos cientos de miles o millones de prisioneros con tiernos obsequios y les recordamos la fiesta del amor. Ésta es la forma en que tratamos a nuestros hijos. Una vez al año los invitamos a participar en la legendaria festividad del amor divino; durante una noche, bajo el árbol de Navidad nos manifestamos atentos y amorosos con ellos, mientras que todo el resto del año los tenemos sujetos y a raya.

Cuando un prisionero de guerra me arroja a la cara el regalo de Navidad que le llevo y pisotea la ramita verde, tiene toda la razón de hacerlo. Y cuando nuestros hijos no están del todo capacitados para creer en nuestra emoción, en nuestra beatitud en presencia del divino Infante, y nos consideran un poco hipócritas y ridículos, también ellos tienen razón. Con excepción de unas cuantas gentes sinceramente religiosas, nuestras Navidades han sido desde hace tiempo simples gestos sentimentales. O peor aún, una oportunidad para hacer campañas publicitarias, un campo para empresas deshonestas, para fabricar licores.

¿Por qué? Porque para todos nosotros, la Navidad, la festividad del amor infantil, ha cesado de ser la expresión de un sentimiento sincero. Se ha convertido en todo lo contrario, en un sustituto del sentimiento, en una pobre imitación. Una vez al año nos comportamos como si diéramos gran importancia a los sentimientos nobles, como si nos alegráramos al gastar dinero por la festividad. En realidad, nuestra emotividad pasajera ante la belleza de tales sentimientos puede ser muy intensa; mientras más grande y genuina, mayor grado de sentimentalismo. Esto último representa nuestra actitud típica hacia la Navidad y hacia otras ocasiones aisladas en las que los vestigios cristianos todavía entran en nuestras vidas. Nuestro sentimiento en esas ocasiones es: ¡La idea del amor es algo magnífico! ¡Cuán verdadero es que sólo el amor nos puede redimir! ¡Y qué lástima que por nuestras circunstancias se nos permita el lujo de este noble sentimiento solamente una vez al año, porque nuestros negocios y otras preocupaciones de importancia nos apartan de la celebración durante todo el resto del año! Esta sensación tiene todos los visos del sentimentalismo. Porque es sentimental consolarnos con manifestaciones internas que no tomamos en serio al grado de hacer sacrificios por ellas y llevarlas a la práctica.

Seguir leyendo “A propósito de La Navidad: Palabras de Hermann Hesse”